sábado, 18 de septiembre de 2021

TENGO MIEDO TORERO –Pedro Lemebel-



 Pero ella no estaba ni ahí con la contingencia política. Más bien le daba susto escuchar esa radio que daba puras malas noticias. Esa radio que se oía en todas partes con sus canciones de protesta y ese tararán de emergencia que tenía a todo el mundo con el alma en un hilo. Ella prefería sintonizar los programas del recuerdo: «Al compás del corazón». «Para los que fueron lolos». «Noches de arrabal». Y así se lo pasaba tardes enteras bordando esos enormes manteles y sábanas para alguna vieja aristócrata que le pagaba bien el arácnido oficio de sus manos.

Aquella casa primaveral del '86 era su tibieza. Tal vez lo único amado, el único espacio propio que tuvo en su vida la Loca del Frente. Por eso el afán de decorar sus muros como torta nupcial. Embetunando las comisas con pájaros, abanicos, enredaderas de nomeolvides, y esas mantillas de Manila que colgaban del piano invisible.”

 

¿Una historia de amor?

Sí, pero Tengo Miedo Torero es mucho más que eso, es la historia de una y mil emociones, ilusiones, esperanzas, un amor truncado, la lucha de jóvenes extremistas contra la ira y soberbia de un dictador; un atentado contra Augusto Pinochet.

Me parece una novela maravillosa y autentica de Pedro Lemebel en donde logra conjugar realidad y fantasía a la perfección, narrado con una hermosa y delicada prosa y poesía que te remueve las entrañas. 

Un relato que va más allá del amor no correspondido de La Loca del Frente, sino de la vida colectiva, la agitación social, una población sumida en protestas, miedo, desesperación ante la represión de un dictador (Pinochet). Entre juegos y canciones, Lemebel logra transmitir impulso, fuerza, pasión y sobretodo valor ante las adversidades. Una brillantez. 

 

“¿Y qué quieres olvidar? Todo esto dijo ella como hablándose a si misma, mirando con infinita tristeza la basura de globos, cornetas, papeles dorados y comida pisoteada en el suelo. Quiero olvidar esta tarde, repitió ella volviendo a llenar los vasos, olvidar que la vida es tan mezquina y tan pocas veces te da estos ratos de felicidad. Pero no te pongas triste, la trató de consolar Carlos alzando la copa. Déjame estar triste, es la única forma que conozco de estrujar la felicidad, para que después no me pene.”

¡Tengo miedo torero, tengo miedo que en la tarde tu risa flote!


Li.Lo.