Autor: Donna Tartt
Traducción de: Aurora Echeverría
Editorial: Ediciones B/ Penguin Random House
Páginas: 1,142
Género: Novela de formación, ficción literaria
contemporánea
Puntaje:💙💙💙💙💙
“Es increíble cuánto puedes aprender de un
cuadro si pasas mucho rato observando una reproducción de él… Retrocedí para
mirarlo mejor. Era una criatura pequeña, franca y pragmática, no había nada
sentimental en ella; y algo en la prolija y compacta disposición de las alas
sobre el cuerpo, la luminosidad, la expresión alerta y vigilante, me recordó
las fotos que había visto de mi madre cuando era niña: un jilguero con la
cabeza oscura y la mirada fija.”
Dicen que es estremecedor, intenso, excepcional,
un triunfo. Y sí, lo es, quizá mucho más. Una joya literaria.
Theodore Decker, un niño neoyorquino,que vive con
su madre, tras ser abandonados por su padre. Una mañana, camino a una reunión
con el director del colegio del que lo han expulsado, Theo y su madre hacen una
para para visitar el museo metropolitano de arte para ver el cuadro favorito de
ella, El jilguero, una pequeña y misteriosa pintura del artista holandés
Carel Fabritius. Justo en ese momento se produce un atentado terrorista y todo
se viene abajo.
Theo despierta en medio de escombros y oscuridad, cerca
de un anciano agonizante que le pide un favor, que entregue su anillo a su
familia, y lo convence para que se lleve el cuadro de El Jilguero. En
medio de la confusión, Theo encuentra esta idea totalmente lógica, y accede a
ambas cosas.
Poco después descubre que su madre ha muerto.
Nadie sabe dónde está su padre, sus abuelos no están interesados en ocuparse de
él. Theo está solo, pero no piensa irse con los servicios sociales, por lo que
se queda en casa de uno de sus amigos del colegio, Andy Barbour. Allí pasa un
tiempo en el que va aceptando poco a poco su nueva situación. Un día de pronto recuerda
la promesa que hizo al viejo del museo, y busca a la familia para entregarles
el anillo. Entonces conoce a Hobie, un afectuoso restaurador de antigüedades, y
a Pippa, una niña de su edad que también estaba en el museo con el anciano
fallecido, y que ha sufrido graves lesiones a raíz del atentado. Poco después
el padre de Theo -alcohólico y jugador- aparece con su novia en casa Barbour para
llevarse a Theo con él a Las Vegas. Allí la vida de Theo pierde cualquier
contacto con la realidad. En un paisaje desértico y vacío, en la soledad y el
abandono, conoce a quien será su mejor amigo, Boris, un joven ucraniano que lo
instruirá en todo tipo de excesos, alcohol, drogas y la incredulidad absoluta. Mientras
tanto el cuadro lo ha acompañado hasta aquí, y cada vez es más consciente de la
locura que representó llevárselo, del delito y las consecuencias si alguien
descubre que lo tiene él, pero también sabe que es incapaz de desprenderse de
la obra. Es lo último que lo une a su madre.
“Pero lo que quisiera que alguien me
explicara es lo siguiente: ¿qué pasa si da la casualidad de que tienes un
corazón que no es de fiar? ¿Y si el corazón, por sus propios motivos
insondables, te aleja con obstinación en una nube de resplandor indescriptible
de la salud, de la vida doméstica, de las responsabilidades cívicas y los
contactos sociales, y de todas las virtudes comunes tibiamente mantenidas, y te
lleva a un bonito espectáculo de ruina, autoinmolación y catástrofe? ¿Pasar por
alto la perversa gloria que te está gritando el corazón? ¿Ponerte sumisamente
en camino hacia la norma, el horario razonable y los chequeos médicos
periódicos, las relaciones estables, los continuos ascensos profesionales y un
desayuno tardío los domingos, todo con la promesa de ser de algún modo mejor
persona? ¿O es mejor arrojarte de cabeza y riéndote a la furia sagrada que
grita tu nombre?”
El jilguero está descrito con precisión
y profundidad que llegas a conocer a los personajes como si fuesen personas que
se mueven en tu entorno. El relato es tan vivido que nos hace acompañar a Theo,
a ser parte de él, de su evolución, de su manera de enfrentarse a la soledad y
a una vida que parece diseñada para perderlo todo hasta que llegue la muerte. El
desenlace quizá no sea precisamente el que uno quisiera, pero entiendes que (quizá)
no había otra manera de acabar mejor la historia. Al menos ninguna que encajara
mejor.
Donna Tartt, a través de esta novela hace una
reflexión sobre la vida, las responsabilidades, las emociones, el drama,
encanto y el dolor que quien lo pierde todo en un abrir y cerrar de ojos, además
de hacer un brillante homenaje al mundo del arte.
“Solo un diminuto corazón palpitante y
soledad, una pared iluminada por el sol y la sensación de que no hay
escapatoria. Tiempo que no transcurre, tiempo que podría no llamarse tiempo. Y,
atrapado en el núcleo de luz, el pequeño prisionero inmutable.”