sábado, 21 de marzo de 2026

El jilguero




Autor: Donna Tartt

Editorial: Ediciones B/ Penguin Random House

Páginas: 1,142

Género: Novela de formación, ficción literaria contemporánea

Puntaje:💙💙💙💙💙

 




Es increíble cuánto puedes aprender de un cuadro si pasas mucho rato observando una reproducción de él… Retrocedí para mirarlo mejor. Era una criatura pequeña, franca y pragmática, no había nada sentimental en ella; y algo en la prolija y compacta disposición de las alas sobre el cuerpo, la luminosidad, la expresión alerta y vigilante, me recordó las fotos que había visto de mi madre cuando era niña: un jilguero con la cabeza oscura y la mirada fija.

Dicen que es estremecedor, intenso, excepcional, un triunfo. Y sí, lo es, quizá mucho más. Una joya literaria.

Theodore Decker, un niño neoyorquino,que vive con su madre, tras ser abandonados por su padre. Una mañana, camino a una reunión con el director del colegio del que lo han expulsado, Theo y su madre hacen una para para visitar el museo metropolitano de arte para ver el cuadro favorito de ella, El jilguero, una pequeña y misteriosa pintura del artista holandés Carel Fabritius. Justo en ese momento se produce un atentado terrorista y todo se viene abajo.

Theo despierta en medio de escombros y oscuridad, cerca de un anciano agonizante que le pide un favor, que entregue su anillo a su familia, y lo convence para que se lleve el cuadro de El Jilguero. En medio de la confusión, Theo encuentra esta idea totalmente lógica, y accede a ambas cosas.

Poco después descubre que su madre ha muerto. Nadie sabe dónde está su padre, sus abuelos no están interesados en ocuparse de él. Theo está solo, pero no piensa irse con los servicios sociales, por lo que se queda en casa de uno de sus amigos del colegio, Andy Barbour. Allí pasa un tiempo en el que va aceptando poco a poco su nueva situación. Un día de pronto recuerda la promesa que hizo al viejo del museo, y busca a la familia para entregarles el anillo. Entonces conoce a Hobie, un afectuoso restaurador de antigüedades, y a Pippa, una niña de su edad que también estaba en el museo con el anciano fallecido, y que ha sufrido graves lesiones a raíz del atentado. Poco después el padre de Theo -alcohólico y jugador- aparece con su novia en casa Barbour para llevarse a Theo con él a Las Vegas. Allí la vida de Theo pierde cualquier contacto con la realidad. En un paisaje desértico y vacío, en la soledad y el abandono, conoce a quien será su mejor amigo, Boris, un joven ucraniano que lo instruirá en todo tipo de excesos, alcohol, drogas y la incredulidad absoluta. Mientras tanto el cuadro lo ha acompañado hasta aquí, y cada vez es más consciente de la locura que representó llevárselo, del delito y las consecuencias si alguien descubre que lo tiene él, pero también sabe que es incapaz de desprenderse de la obra. Es lo último que lo une a su madre.


Pero lo que quisiera que alguien me explicara es lo siguiente: ¿qué pasa si da la casualidad de que tienes un corazón que no es de fiar? ¿Y si el corazón, por sus propios motivos insondables, te aleja con obstinación en una nube de resplandor indescriptible de la salud, de la vida doméstica, de las responsabilidades cívicas y los contactos sociales, y de todas las virtudes comunes tibiamente mantenidas, y te lleva a un bonito espectáculo de ruina, autoinmolación y catástrofe? ¿Pasar por alto la perversa gloria que te está gritando el corazón? ¿Ponerte sumisamente en camino hacia la norma, el horario razonable y los chequeos médicos periódicos, las relaciones estables, los continuos ascensos profesionales y un desayuno tardío los domingos, todo con la promesa de ser de algún modo mejor persona? ¿O es mejor arrojarte de cabeza y riéndote a la furia sagrada que grita tu nombre?”

 El jilguero está descrito con precisión y profundidad que llegas a conocer a los personajes como si fuesen personas que se mueven en tu entorno. El relato es tan vivido que nos hace acompañar a Theo, a ser parte de él, de su evolución, de su manera de enfrentarse a la soledad y a una vida que parece diseñada para perderlo todo hasta que llegue la muerte. El desenlace quizá no sea precisamente el que uno quisiera, pero entiendes que (quizá) no había otra manera de acabar mejor la historia. Al menos ninguna que encajara mejor.

Donna Tartt, a través de esta novela hace una reflexión sobre la vida, las responsabilidades, las emociones, el drama, encanto y el dolor que quien lo pierde todo en un abrir y cerrar de ojos, además de hacer un brillante homenaje al mundo del arte.

 

Solo un diminuto corazón palpitante y soledad, una pared iluminada por el sol y la sensación de que no hay escapatoria. Tiempo que no transcurre, tiempo que podría no llamarse tiempo. Y, atrapado en el núcleo de luz, el pequeño prisionero inmutable.

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