Autor: Susana Tamaro
Traducción de: Atilio Pentimalli Melacrino
Editorial: Círculo de Lectores/ Seix Barral
Páginas: 201
Género: Novela/ Ciencia ficción
Puntaje: 💙💙💙
“Dicen que los ogros ya no existen, en cambio todavía
existen. Mi papá de día es abogado y de noche ogro. Cuando duermo y tengo miedo
de que se abra la puerta abrazo fuerte a Teddy. Teddy es mi osito, somos amigos
desde siempre. Él parece de tela y en cambio si digo la palabra justa y le doy
un beso en el corazón él se vuelve vivo y más fuerte que cualquier cosa. Todas
las noches Teddy me promete que si viene el ogro me defenderá. Todas las
mañanas yo le prometo que cuando que cuando seamos grandes huiremos juntos.
Recorreremos los bosques en busca de las moras más dulces y miel para empaparse
las zarpas. Entonces seremos felices, como en todos los cuentos que acaban
bien.”
…Pero está claro que estos relatos no acaban bien.
Cinco relatos, que parecieran una especie de cuentos de terror, en los cuales
su autora, Susana Tarro, nos muestra una realidad que casi no se muestra, una realidad
sin decoración ni maquillaje, historias que tocan las fibras, con protagonistas
que son tomados por la fatídica mano del destino, un destino que los convierte
en material desechable; los toma, contrae y desecha, y sin embargo, en esos
seres persiste y late un sueño que anhela ser realidad, y creen asomarse al
brillo de su luz, la inmaculada luz de la esperanza que el mismo tiempo se
ocupa de disipar.
“Nadie me dice buenos días o buenas noches,
nadie me dirige la palabra. En la mesa mi sitio está siempre vacío. ¿Qué es lo que hago? Me quedo allí lo menos
posible. Vagabundeo todo el día por las calles como un robot, un
espantapájaros. Un par de veces, de golpe se me ocurre la idea de arrojarme al
paso de un autobús. Lo pienso, pero las piernas no me responden, de manera que
me quedo quieto.”
Esta es el primer libro que leo de Susana Tamaro,
y me ha gustado y dolido, sobrecogido, una estremecedora forma de explorar la
fragilidad humana, enfocándose en la niñez, el recuerdo y la compresión de infancias
marcadas por la incomprensión, la tristeza o la dureza del entorno. Este no es
un libro complaciente, pues aborda el dolor existencial, pero lo hace de una
forma muy particular, con una ternura que duele, acaricia, muerte y hiere, abriendo
los ojos a una realidad que no se ve a simple vista, pero que está allí y es
latente, y de esta forma ser conscientes para enfrentar lo irracional de la
vida.
“Nuestra vida segura y tranquila se empieza
a ver como una serie ininterrumpida de vacíos y pérdidas. Podía haber habido en
ella tantas cosas, y en cabio no ha habido nada. Un incoloro del tiempo y nada
más. Ahora lo sé: el amor requiere fuerza. Hay que ser valientes para amar.
Pero cuando era niña nadie me lo dijo.”





